Ahí dentro hay un vacío terrible, un vacío lleno de amargura y tristeza. Incluso afuera los árboles se contagian y sus caras de madera se arrugan y envejecen. Las paredes pintadas de locura, emiten disgustos sonoros y todo queda envuelto en una fría desesperanza.
Que pena me da,
mirar el espejo y encontrar en él
a una bestia
Hay días surrealistas…
de dulzura y niebla.
Hay golpes que no duelen, golpes marchitos que no saben lastimar…
-A diario nos damos muerte, a diario asesinamos a otros. La vida es una funesta masacre… -
Optimismo
¿Será que soy la única presa del pánico, o simplemente la muerte a dejado sus dientes al descubierto bajo mi cama?
¿Será el diablo tras el ropero quién aguarda mi partida y rompe sin cuidado las sombras de la plenitud, borrando la memoria de un amorío sin recelos discretamente guardado?
Viajes eternos, estrellas fugaces mirándolo todo, nubes, dilemas, espirales descendentes, cielos taciturnos de miradas luminosas…un beso, una caricia -destellos que destrozan la agonía- despiadados deseos de un sinnúmero de promesas. Fríos suspiros se hacen cómplices y entre la frialdad: una risa. En aquella soledad, un desolado cuerpo -frágil y decadente- se levante del suelo y ríe…no escucha la voz de todos esos fantasmas mentales, cierra la puerta y ríe. Ahora goza de su propia desgracia, se burla de su autodestrucción.

